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La historia de La Güela, la osa más vieja de la población oriental

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Fecha de publicación: 29/4/2012 • Fuente:Diario Montañés


 


























Cabárceno prepara una reserva para la vieja osa que lleva más de cuatro meses confinada en un pequeño establo

La vieja osa cantábrica que fue capturada en los montes de Liébana por la presión de cazadores y lugareños a los que asustó su anómala proximidad al hombre permanece recluida en un pequeño establo desde hace más de cuatro meses. La instalación que ocupa es del todo inapropiada para un animal que ha vivido 25 años en libertad. Su regreso a Cabárceno, el pasado mes de diciembre, cogió por sorpresa al equipo veterinario, que en septiembre había devuelto a ‘La Güela’ a su medio natural después de un exitoso programa de recuperación. El parque prepara ahora una reserva para que la osa pueda ver la luz del sol.

A finales del pasado otoño, cazadores, senderistas y ganaderos de Liébana comenzaron a quejarse de los merodeos de un oso que parecía agresivo. El perturbador plantígrado no era otro que ‘La Güela’. La edad, que no da tregua, mermó sus facultades olfativas, auditivas y visuales. No se percataba de la presencia del ser humano hasta que lo tenía encima. Sobresaltada por las súbitas apariciones, respondía con una carga. La alarma desatada en la zona obligó a intervenir a las autoridades y, en un despliegue sin precedentes en España que implicó a instituciones y organismos de Cantabria, Castilla y León, Asturias y el Ministerio de Medio Ambiente, ‘La Güela’ fue capturada y enviada de nuevo a Cabárceno el pasado 14 de diciembre.

El oso pardo cantábrico es una especie en peligro de extinción, sujeta a especiales medidas de protección, de manera que la Consejería de Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural informó a la Fiscalía de Medio Ambiente de Cantabria de la operación llevada a cabo con ‘La Güela’. Cabárceno no tiene capacidad de decisión sobre ella, “es algo que corresponde a Biodiversidad”, pero quedó a cargo de su cuidado a la espera de que las autoridades dictaminaran. La pobre osa lleva demasiado tiempo encerrada en un espacio reducido. Ahora que parece claro que “se quedará en el parque” y que no es factible devolverle la libertad, la dirección de Cabárceno prepara una reserva donde, al menos, volverá a tener el cielo sobre la cabeza y la hierba bajo las patas.


Apartada del público

Carlos Recio, director del Parque de la Naturaleza de Cabárceno, afirma que las obras para acondicionar la reserva que ocupará la osa “ya han comenzado” y confía en que concluyan “dentro de poco más de una semana. Es muy importante que el recinto sea seguro”. Las persistentes lluvias de abril han retrasado los trabajos. La parcela que ocupará ‘La Güela’ está en el área de los osos, pero en una zona alta y apartada, alejada del público, ya que el objetivo es proporcionarle un lugar tranquilo en el que pueda afrontar con dignidad el último tramo de su vida. Mezclarla con el resto de plantígrados no es una opción, entre otras cosas, porque la matarían.

‘La Güela’, que ha cumplido o está a punto de cumplir 26 años, es el ejemplar más longevo de los osos pardos del amenazado núcleo cantábrico oriental, integrado por apenas treinta individuos, lo que le confiere un gran valor científico, por los datos que puede aportar su ADN, y la reviste de una aureola que emociona.

La Patrulla Oso Montaña Palentina detectó a esta hembra el 3 de julio de 2011 en el monte de Milares-Resoba de Cervera de Pisuerga. Estaba deshidratada, desnutrida, muy débil, le faltaban dientes y no era capaz de alimentarse por sí misma. Agonizaba. Ingresó en Cabárceno con 53 kilos de peso. Contra todo pronóstico, consiguió recuperarse a base de cuidados y de una dieta especial. El equipo veterinario, de acuerdo con la Junta de Castilla y León, decidió reintegrala a la vida salvaje dos meses después. Pesaba 106 kilos cuando, el 2 de septiembre, la soltaron de nuevo en la Montaña Palentina.

Parecía un final feliz. El collar emisor que se le colocó a ‘La Güela’ en el cuello permitió saber que, pocos días después de su suelta, se había instalado en los montes cántabros de Bárago y Lomeña, donde encontró abundante comida. Los banquetes de bellotas, castañas, moras, avellanas y otras suculencias del bosque la engordaron aún más. Alcanzó los 120 kilos. Durante tres meses, la anciana osa disfrutó de una existencia tranquila y placentera. Hasta que las emisiones de su collar no fueron las únicas señales que llegaban de su presencia en tierras lebaniegas. Los humanos se asustaron, las protestas arreciaron y ‘La Güela’ cayó cautiva. Si algún susto dio la pobre osa, ha penado de sobra con cuatro meses de ‘prisión’. Ya es hora de que le den la libertad condicional.

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